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Gran parte de nuestra ciudad está formada por urbanizaciones amuralladas porque gran parte de la población elige vivir en ellas. Es fácil identificarlas: constan de largas extensiones de muros continuos, a veces con alambre de púas, a veces con cercas electrificadas, guardias que vigilan el acceso en todo momento, y generalmente se encuentran en las periferias. Las hay de cualquier nivel socioeconómico; algunas incluso ofrecen canchas de tenis, albercas y campo de golf a sus residentes. En Guadalajara les llamamos cotos, y es lo que ha dado forma al espacio público y lo que ha marcado el crecimiento de la ciudad en los últimos tres o cuatro lustros. No es casualidad que los cotos sean el producto inmobiliario más exitoso en mucho tiempo ya que hemos sido bombardeados por un discurso mediático de miedo al otro, que apoyado en el aumento de la inseguridad, en el fracaso del Estado como proveedor de servicios básicos, y en el aumento de las desigualdades económicas y sociales, ha generado una tendencia hacia una fragmentación del patrón urbano. Pasamos de una ciudad entendida como una unidad, a un muestrario de retazos juntos, sin coherencia, al que llamamos ciudad.
- DCH




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Presentación de la revista Metápolis 1era edición


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